Aquí la salida no es el bar. Es el baile. La noche del sábado en el Valle se mide por quién toca y en qué salón, y esa información no existe en ningún lado más que en un flyer pegado en la carnicería y en una página de Facebook que ya tienes que seguir.
Cada cosa es cada cosa
Conjunto. Acordeón de botones y bajo sexto, con bajo eléctrico y batería atrás. Se armó de este lado, en el sur de Texas, cuando la polka, el vals y la redova llegaron con los alemanes, los checos y los polacos, y los músicos mexicanos de la frontera se las quedaron y las hicieron otra cosa. Polkas, rancheras, cumbias, boleros y huapangos, casi siempre a dos voces. La palabra nombra el género, no el tamaño del grupo.
Norteño. El mismo acordeón y el mismo bajo sexto, pero armado del otro lado — Nuevo León y Tamaulipas — y cargado al corrido, que cuenta una historia de principio a fin. La raya entre conjunto y norteño es borrosa y en el Valle se cruza cada fin de semana: es el mismo público y hay grupos que tocan las dos cosas. La diferencia de verdad está en el repertorio y en el acento, no en los instrumentos.
Tejano. La tradición texana grande: de las orquestas de mediados de siglo a la onda de teclados y caja de ritmos de los ochenta y noventa, con letra en los dos idiomas y la cumbia sosteniendo todo por debajo. Es la música que salió del Valle y de Corpus hacia todos lados.
Banda. De Sinaloa, no de aquí. Es metal: clarinetes, trompetas, trombones, la tuba llevando el bajo y la tambora marcando. Sin acordeón. Llena arenas y comparte cartel con lo norteño, no lo sustituye.
Cumbia. No es un tipo de grupo, es un ritmo, y llegó de Colombia. Se metió tan adentro de lo mexicano y lo tejano que la tocan todos. Y es la que levanta a la gente: después de tres polkas el salón está sentado, y con la primera cumbia ya no cabe nadie en la pista.
Cómo se pone un baile
Las puertas abren temprano y la música acaba tarde. Casi siempre hay más de un grupo en el cartel y el que encabeza no sale hasta que el salón está lleno de verdad. Hay cover en la puerta y casi siempre es en efectivo — mejor llega con efectivo para todo.
Se baila en pareja y la pista gira en contra de las manecillas del reloj. El paso con el que creció medio Valle es el tacuachito, bajito, pegado y arrastrado, y no se confunde con nada una vez que lo ves bien bailado.
Y es de todas las edades. Niños, papás y abuelos la misma noche en el mismo salón, y los que siguen bailando cuando el grupo está guardando el equipo casi siempre son los más grandes.
Tardeada, matiné y baile
No son sinónimos y aquí nadie los usa como si lo fueran.
- Tardeada — de la tarde a la noche, para toda la familia, y es la forma normal de unos quince, de un grupo de la iglesia o del calendario de un parque de RV
- Matiné — sesión de tarde, muchas veces para jóvenes, y no es una tardeada
- Baile — la versión de noche: más tarde, más largo, y donde tocan los grupos de gira
Dónde está la música
Las arenas. Payne Arena en Hidalgo y Bert Ogden Arena en Edinburg es donde caen los grupos grandes de gira. Boletos con anticipación, asiento numerado, promotor de por medio. Es el único escalón de todo esto que se comporta como el resto del negocio de conciertos.
Los cuartos chicos. En medio están los teatros y los lugares chicos. Cine El Rey en McAllen es el más conocido, una sala de cine vieja del centro que ahora programa en vivo. Este escalón se mueve más rápido que ningún otro: abren, cambian de dueño, se van al DJ, y regresan.
Los salones. Y ahí está lo verdadero: salones, salones de baile, salones de la iglesia, salones de veteranos, pabellones de la feria, edificios del condado, y el templete al aire libre de una jamaica o de la fiesta de la ciudad. La mayor parte de la música en vivo que suena en el Valle cualquier fin de semana suena en este escalón, y este escalón no existe en internet.
Por qué no se encuentra en línea
El baile se anuncia con flyer, y casi siempre con una o dos semanas nomás. Una imagen cargada, con las fotos de los grupos, impresa y pegada en la carnicería, en la tienda, en la taquería y en la pulga, subida a la página del promotor, y leída en la radio en español. El promotor muchas veces es una sola persona con un teléfono, un salón y una impresora. No hay plataforma de boletos, no hay boletín de prensa y no hay presupuesto de publicidad, y para cuando un sitio nacional de eventos pudiera haberlo indexado, el baile ya pasó.
Dos semanas de aviso, un flyer de papel y una página de Facebook no es mala promoción. Es un sistema que sí funciona — para el que ya sabe qué página seguir. El resto simplemente nunca se entera.
Ese hueco es la razón por la que existe este sitio. Cuando abra el calendario, los bailes del Valle van a estar aquí por ciudad y por fecha, y las tardeadas y las matinés van a decir que lo son.